En una página marcada con una cita de Paul Géraldy, una pequeña estudiante universitaria del grado de Español: lengua y literatura (Filología hispánica para los verdaderos amantes) escribió una vez:

«Reflejo»

Hace tiempo que no te miro
y escondo la ilusión entre los brazos,
veía en ti el futuro de un sueño
más allá de mi ambición de poseerlo…
Me miraba en ti, me sonreía:
de verdad creía que podía ser real.
Perfilaba siluetas en el vaho de tu cristal
mientras soñaba despierta con fantasmas.
Dejé de mirarte, dejé de buscar,
dejé abandonado el deseo de continuar.
Eras la manifestación corpórea de mis dudas,
la sensación del miedo palpable…
Hace tiempo que no te miro
e ignoro que soy mi propio testigo:
veo mi verdad, espejo, tras tu cristal.

Era una página marcada por una circunstancia en un pequeño cuaderno para escribir grandes emociones.

Esta noche he querido mirarme al espejo, y a través de sus páginas me he encontrado.

Quizá estaba perdida.

El más difícil no es el primer beso sino el último.

Paul Géraldy.

Durante toda mi vida me has enseñado a gestionar mis emociones. Me decías que cuando me sintiera abatida, escribiera. Me decías que esos destellos fugaces que pasan ante nuestros ojos y nos cambian el humor y la perspectiva, pasan porque tienen que dejar su estela en el corazón. Me decías que el corazón es un órgano que debe aprender a aceptar los acontecimientos que lo alteran: cuando los latidos del corazón se aceleran, cuando el ritmo del corazón cambia la entonación de la respiración… cuando ocurre, necesita adaptarse y para ello, debe aceptar que está experimentando ciertos estímulos.

Sin embargo, cuando el corazón vive en constante cambio y el mismo estímulo altera el ritmo cardíaco y la entonación al respirar se hace más entrecortada… ¿Qué se hace?

Me has enseñado a diferenciar la ilusión del sueño. Me costaba encontrar la distinción entre soñar con los ojos cerrados e imaginar, estando despierta, mis propias escenas. Me enseñaste a encontrar la matriz que hace que ambas acciones tomen caminos distintos, pero también el momento en el que se encuentran y parecen fusionarse.

«Que toda la vida es sueño, / y los sueños, sueños son». Segismundo lo sabía bien. Me lo enseñaste. Pero… sigo confundiendo los pequeños detalles con estímulos que provocan que mis ritmos cambien. Sigo asociando las mismas imágenes a emociones dispares. ¿Por qué?

Profesora, ¿qué hago ahora?

— Escribe. Escribe para entenderte. Si escribes y no te entiendes, sigue escribiendo. Te lo digo en estilo directo: escribe.

26 de marzo, 2022.
Madrid.

Mis emociones se están descontrolando.

Todos tenemos una parte masculina y una parte femenina dentro de nosotros, y el corazón es el órgano que las junta y las hace una sola.

Supongo que la gracia que antes bañaba mis manos, ha ido desapareciendo poco a poco, con la incertidumbre de descubrir si por fin iba a atreverme o no.

Hace mucho tiempo que intento conocerme a mí misma: conocer los impulsos de mi órgano cardíaco, aparte del evidente latido necesario para poder vivir. Mi corazón es uno de los personajes que envolverán esta historia llena de preguntas sin respuesta, a las cuales bautizaremos como la sagrada congregación de las Hermanas Retóricas. A este personaje que marcará la alegoría del corazón, le llamaremos Miocardio (por hacer un guiño a sus funciones biológicas).

Bien, ¿por dónde íbamos? Ah, sí: conocer los impulsos de Miocardio. Para llevar a cabo esta épica y sanguinaria hazaña previa a las fiestas de Navidad, es necesario retroceder un poco en el pretérito imperfecto y poneros al corriente de lo que ocurría entonces.

Estábamos en un pueblo de Huesca, perdiéndonos por las calles y los senderos de montaña rodeados del Bosque mágico de las Hadas, cuando de repente Miocardio sintió un impulso acelerado en sus ventrículos. Fue un impulso extraño. Aquí, la expresión «me dio un vuelco el corazón», sería bastante acertada.

Éramos cuatro en aquel momento. Vamos a ver si somos capaces de jugar con las palabras y presentaros de una vez a estos cuatro: Ibkar y Quío. Estos van a ser los nombres elegidos para referirnos a los cuatro susodichos. Ibkar engloba a una pareja que no se encuentra todos los días (una pareja fuera de lo corriente, que se admira, se quiere, se comunica, se escucha, se hiere y se perdona). Quío, en cambio, encierra a dos personas desconocidas entre ellas que, últimamente, están descubriendo cosas. Una de las personas que se esconde en Quío, tiene a su pareja a kilómetros de distancia y guarda el deseo de encontrar respuesta en las Hermanas Retóricas.

Ibkar y Quío estaban memorizando ubicaciones dentro del pueblo, y lo hacían bajo los efectos de ciertas sustancias prohibidas. Miocardio no hacía más que experimentar nuevas sensaciones, consecuencia de los efectos de las sustancias en cuestión; pero cierta ocasión le sirvió de precedente para creer que podría ser por otra cosa muy distinta. Aquí empezaron sus problemas. Ibkar iba por su cuenta, delante de Quío, hablando consigo mismo y debatiendo, riéndose y abrazándose. Quío, sin embargo, iba reinventando palabras y maquinando locuras psicodélicas que, a medida que avanzaba la noche, se acabaron convirtiendo en una sucesión de secuencias poéticas en otro documento de Word. Mientras Ibkar iba adelantándose, y Quío caminaba al unísono y zigzagueando, Miocardio empezó a sentir. Vamos a dejarlo ahí.

Esa misma noche, Ibkar estaba en la litera de arriba, y Quío en la de abajo. Habían juntado las camas para que la parejita pudiera dormir plácida y románticamente. Las dos personas que integraban Quío se miraban mientras los de arriba ya dormían. La parte femenina se quedó dormida enseguida. De repente, Miocardio se aceleró de tal manera que no pudo evitar despertarse, coger el móvil y empezar a escribir versos sin ton ni son. Y durante todo ese proceso, no dejaba de mirar a su compañero de al lado, que afortunadamente estaba frente con frente a su mirada.
Todo se volvió laberíntico, como si las emociones estuvieran expresadas bajo la codificación de los jeroglíficos antiguos. Miocardio seguía creyendo que aquel impulso que sintió, fue causado por la parte masculina de Quío. No podía dejar de mirar a esa parte de la ecuación. Cerraba los ojos, pero enseguida volvía a desvelarse y volvía a sentir la necesidad de escribir.

A la mañana siguiente, aunque todo parecía verse con más luminiscencia, la parte femenina de Quío estaba más inquieta y acelerada que nunca: buscaba con la mirada los labios de su compañero, deseaba con ardor poder rozarle… pero estaba de espaldas a ella y Miocardio no tuvo más remedio que seguir soñando.
Salió al jardín e hizo un calentamiento lento y completo mientras esperaba, ilusa de ella, que su parte masculina saliera a su encuentro. Sin embargo, se quedó dormida en el césped, abierta de piernas. Miocardio seguía sintiendo acelerones en sus ventrículos… Empezó a dialogar consigo mismo intentando llegar a las Hermanas Retóricas en busca de respuestas. Pero fue imposible.

Para poder acceder a sus ansiadas respuestas, las Hermanas Retóricas le dieron tiempo de contemplación y meditación, además de una lista con sus nombres:

¿Por qué me siento así?

¿Por qué no quiero hablar con él?

¿Por qué creo que necesito estar a su lado?

¿Sigo enamorada?

¿Estoy enamorándome otra vez?

Así, con esta lista, Miocardio se puso a meditar, a pensar consigo mismo y a discernir cuáles podrían ser las posibles respuestas.

Hemos creído oportuno guardar la ambigüedad y no ser muy precisos en cuanto a los nombres de las Hermanas Retóricas, ya que el misterio es uno de los ingredientes principales de esta historia.

Podemos deducir, en base a todo lo narrado hasta ahora, que Miocardio se debate entre su ya estipulado amor, y un posible amor en ciernes que no se sabe cómo ha surgido ni si va a alguna parte.

Quizá se trate solo de una transferencia emocional de una parte masculina a una parte femenina y, en consecuencia, la parte femenina se ha quedado invalidada temporalmente.

O puede que simplemente sea una fuerte e irresistible atracción sexual que hay que evitar.

No es una situación agradable para su pareja, pero Miocardio da saltos dentro del pecho cuando la parte masculina de Quío anda cerca. Todo lo que compone esa parte hace vibrar a la otra… El tono de su voz, sus movimientos, sus ojos, su melena y su barba a la misma altura… Pero, sobre todo, su forma de ser con los demás. Eso último revoluciona los esquemas de Miocardio.

Desde que volvieron de ese viaje, Miocardio ha estado evitando a toda costa el contacto visual y virtual con Quío masculino… Quizá por respeto a su pareja, o por miedo al futuro. No fue nada fácil para su parte femenina ignorar los impulsos de Miocardio y decelerar las sensaciones que producen la presencia de Quío masculino.

No resulta muy objetivo narrar una historia en la que los propios personajes son emociones, sensaciones, impulsos, y partes escindidas de distintas personalidades. Pero acaba siendo irremediable la necesidad de hacerlo. Esto es exactamente lo que ocurre y el porqué de esta tonta historia sin pies ni cabeza.

Miocardio lleva un tiempo sintiendo que todo se ha acabado, que no hay vuelta de hoja, que la historia que comenzó hace dos años y tres meses de forma mágica, ha llegado a su inevitable final. Lo lleva pensando mucho tiempo. Sin embargo, no es capaz de poner punto y final a esa relación… quizá por el tiempo que ha pasado, por los momentos inolvidables, por los recuerdos de las buenas sensaciones… No lo sabe. Pero no quiere terminar. Miocardio se encuentra en un momento de indecisión, entre la espada (apuntando directamente hacia él) y la pared. No sabe cómo ha llegado hasta ese punto. Tampoco quiere saberlo. Solo sabe que no sabe lo que está sintiendo, no tiene ni la más remota idea de si es amor lo que sigue recorriendo sus impulsos ventriculares (hacia su pareja), o es simplemente cariño (un cariño infinito que jamás va a desaparecer pero que, por desgracia, ha dejado de ser amor). Cree que ha traicionado ese amor que posiblemente ya no sienta… pero, por otro lado, no se puede evitar dejar de sentir… o dejar de estar enamorado. Esas cosas acaban pasando.

Las Hermanas Retóricas siguen taladrando las sinapsis de la parte racional de Miocardio… Él ya no puede más.

Junio, 2019