Hoy escribo porque no me queda otro remedio: porque mi mano derecha ansía el tacto del bolígrafo, porque mi perturbada mente necesita su medicina… porque mi corazón, tan lleno de ilusión y esperanza, necesita derramar sus lágrimas en la tinta de este bolígrafo azul.
Hoy escribo porque ha vuelto el silencio, porque las preocupaciones se pasean libremente por las galerías de mi creativo cerebro…
Simplemente, hoy escribo:

«Tristeza y Angustia son dos hermanas mellizas que se pelean constantemente por el protagonismo… cada una quiere su propio papel principal.
Ambas hermanas son emociones que se agarran a los órganos vitales para hacerse notar en el cuerpo, tanto o más que en la mente del ser humano. Suelen sentirse más cómodas en el estómago, la tráquea y el corazón… estos tres espacios tienen una conexión directa a los lagrimales y a sus respectivos ojos: espejos del alma.
Aunque cada una desea su propia habitación, juntas han levantado un muro de mármol muy difícil de escalar: es mucho más sencillo caer. Se llama “Depresión”. A veces se ve a distancia y, con frecuencia, se hace invisible y solo se reconoce cuando ya se ha precipitado en su vacío.
Existen escaleras hechas de suspiros y manos amigas: Esperanza y Fe son primas hermanas que se preocupan por las mellizas; ellas son las manos amigas que se caracterizan por ser constantes.
Tristeza y Angustia no son malas… solo han perdido la fe, han perdido la esperanza… creen que están solas.
Fe y Esperanza son constantes, y han decidido brillar (como brillan las estrellas en la oscuridad), solo por ellas… para que ese muro que han levantado se deshaga poco a poco: ya se ven las grietas.
No están solas».

No estoy sola.

Rocío G. Soldevila