Las palabras son tan fieles a nosotros, que nos dejan jugar a ser activos en un mundo de dramatización desgarrada.

Lo normal, cuando hablamos, es que las palabras viajen entre los labios (pronunciándose) hasta llegar a los oídos (escuchándonos); lo normal, cuando dialogamos, es que las emociones que estaban escondidas, sin avisar, eclosionen; lo normal, cuando hablamos, es que las palabras nos lleven de la mano, juntos o por separado, al momento en que la acción grita que está aquí.

Somos interlocutores que inventan sus propios diálogos en los soplos de aire frío en este invierno.

Somos intermediarios de aquellas emociones acalladas hace décadas que, quizá, quieran aflorar; quizá la primavera llegue pronto este año, quizá el frío invierno que mantiene mis manos como las aguas del Cantábrico quiera dejar paso a esta primavera… quizá.

«Somos». Es una expresión bonita formada en tiempo presente, haciendo uso de la primera persona del plural (donde «yo» deja su individualidad a un lado y acoge, cariñoso, a un compañero también denominado «yo»).

Somos palabras que se verbalizan cuando nos vemos: es bonito verbalizarse. Los sonidos, antes silenciados, empiezan a escucharse en voz activa. Los efectos de los sonidos empiezan a hacer mella en mis oídos, produciendo más y más curiosidad.

Soy un cúmulo de palabras curiosas que quieren activar, progresivamente, aquella ilusión abandonada.

Soy una palabra concreta, un nombre propio, empezando a sentir la acción.

Dejar una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Puedes utilizar estas etiquetas y atributos HTML:

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>