Sigo cuestionándome si el tiempo tiene cuentas pendientes conmigo. Después de casi dos horas sentada, aquí en Plaza de España, tomando el sol mientras espero… empiezo a pensar que mis malas acciones me están haciendo pagar.

Aún sabiendo que lo más probable es que me vaya a casa sin conocerle, aún así: sigo manteniendo el último resto de esperanza rota que queda dentro de la caja.

Quizá es mi culpa: yo decidí abrirla, yo empecé la primera conversación, empecé a escribir y empecé a ilusionarme. Fui yo.

No sé qué hacer con el tiempo que me queda: la música dejará de sonar pronto y el hambre y la esperanza (todavía) que me carcomen me están haciendo perder la paciencia.

Mi calma se va con los minutos que siguen pasando. El tiempo no para y mi compromiso sigue ausente.

¿Me voy? ¿Espero? ¿Me levanto?

Sigo escribiendo: quizá, si escribo, la llama seguirá encendida y, con ella, la esperanza se reconstruya.

Espero. Escribo. Espero.

El pequeño tintero ha explotado dentro de mi pluma estilográfica: los destellos morados que producía la superficie lisa y brillante de mi pluma se han visto opacos gracias a la tinta desbordada del tintero. La R, grabada con estilo y especial cariño en la superficie de esta pluma, se ha bañado en azul intenso de repente. Las gotas que sobresalen de la pluma van cayendo, poco a poco, hasta llegar al asfalto: se quedan ahí, y se extienden una talla más de su diámetro.

Mi pluma estilográfica, con la que escribo a diario, ha dejado su huella en Plaza de España antes de que mi calma acabara desvaneciéndose del todo. Al menos, gracias a mi cabezonería por esperar algo que jamás llegaría, se ha producido que una pequeña parte de mi rutina se quedara tatuada en el asfalto, justo en frente del Hotel Riu Plaza.

El tiempo seguirá pasando y las gotas de tinta quizá se acaben desvaneciendo y desapareciendo, finalmente, del asfalto; pero la poesía que escribí allí sentada, inspirada por las circunstancias y la calidez que mi piel recibía del sol, quedará latente en mis páginas.

Me quedo con la poesía recién escrita en la desesperanza.

Me quedo con la tinta desbordada cayendo de mi pluma.

Me quedo conmigo: con mi esperanza rota, reconstruyéndose.