Al fin despuntó la aurora; vuelta de su temor, entreabrió los ojos a los primeros rayos de luz. Después de una noche de insomnio y de terrores, ¡es tan hermosa la luz clara y blanca del día! Separó las cortinas de seda del lecho, y ya se disponía a reírse de sus temores pasados cuando de repente un sudor frío cubrió su cuerpo, sus ojos se desencajaron y una palidez mortal decoloró sus mejillas (…).

«El monte de las Ánimas», Gustavo Adolfo Bécquer.

Me gusta la idea, quiero dejar que el silencio hable y me cuente qué estás haciendo. Ojalá me diga todas las cosas que tus labios callan mientras me miras tras las palabras de la pantalla. Me gusta la idea.

Ya hemos recorrido demasiado para rendirnos, los frenos deben estar desgastados y puede que les falte aire a las ruedas, pero la pasión sigue ahí, ¿verdad?

No abriré los ojos el día de mañana para descubrir en silencio que ya no leeré tus palabras en mi pantalla. No me desharé del orgullo para que el silencio me haga partícipe de tu ausencia. No quiero.

Es natural: los sentimientos nacen, se desarrollan, y finalmente concluyen o simplemente desaparecen; algunos sentimientos dejan su huella, ya sea en el asfalto o en el corazón que los atesoraba. Es natural que sentimientos como el amor eclosionen de repente y tal y como eclosionaron, de repente, se extingan. Sin embargo, he conocido amores inextinguibles que, aún con el transcurso veloz del tiempo y las arrugas, siguen siendo apasionados. ¿Puede mi corazón optar a un amor así?

En este momento exacto, a las 3:12 de la madrugada, sin poder conciliar el sueño y tumbada y rodeada de mis peluches, me atrevo a cuestionarme si mi primera persona del singular, «yo», es digna de amor: un amor perdurable a pesar de las circunstancias y la mala suerte. ¿Mis pensamientos son exagerados? Puede que me esté precipitando al pensar tales cosas. Puede que simplemente esté pasando una época de estío emocional que terminará con la llegada del invierno y las lluvias frías. Puede que el calor que he estado sintiendo estos últimos años solo sea un calor imaginario, ilusorio, como los embarazos psicológicos: quizá la mala pasada de mi cerebro descendió al corazón y ahí empezó. ¿Quién sabe? Tal vez sí fue real, tal vez no lo inventé todo. Nadie puede estar seguro de la veracidad del sentimiento, la verosimilitud del amor.

Me gusta la idea de despertarme por la mañana escuchando el sonido de las palabras tras mi pantalla, aunque en sí no expresen lo que mi corazón espera.

Me gusta la idea de despertarme y que el silencio hable. Ojalá me diga todo lo que este amor me ha dado… así no creeré que he perdido.

1 de noviembre, 2022.
Reflexiones de madrugada.