Quiero encontrarle la sonrisa a una estrella.
Quiero desnudarla de su luz y mirarla.
Quiero que sonría mientras la miro.
— Estrella, déjame.

Los verbos son una forma curiosa de expresar el deseo: tiempo presente, modo indicativo, voz activa. Ahora.

Pese a mi dejadez (pasiva) por la gramática del español, la fascinación por la semántica que conlleva me ha calado.

No soy ninguna experta, ni siquiera me acerco al verdadero conocimiento del verbo; pero me llama y me cautiva el silencio con el que se hace notar mientras leo, o mientras pienso mentalmente qué quiero: la forma en la que las características gramaticales de ese verbo entran en los recovecos más escondidos de este corazón latiendo letras.

Y pienso otra vez: quiero mirar hacia arriba y descubrir la sonrisa de esa estrella. Aún estoy a medio camino de conseguir mirarla al desnudar su luz. Estoy a medio camino de sentir su sonrisa mientras la miro.

Pienso en cuántas cosas quiero, pienso en el verbo que utilizo para expresarlo; el deseo le ha cogido la mano al verbo sin darse cuenta: ahora los asocio constantemente. Cualquier cosa que mi corazón desee, el verbo la expresa: escoge una de sus muchas formas, y materializa mi deseo en una palabra.

Me siento orgullosa, hoy, de entenderme; y me siento afortunada de escoger la filología para ayudarme a hacerlo.

Esta Epifanía me ha hecho feliz.