Quiero encontrarle la sonrisa a una estrella.
Quiero desnudarla de su luz y mirarla.
Quiero que sonría mientras la miro.
— Estrella, déjame.

Los verbos son una forma curiosa de expresar el deseo: tiempo presente, modo indicativo, voz activa. Ahora.

Pese a mi dejadez (pasiva) por la gramática del español, la fascinación por la semántica que conlleva me ha calado.

No soy ninguna experta, ni siquiera me acerco al verdadero conocimiento del verbo; pero me llama y me cautiva el silencio con el que se hace notar mientras leo, o mientras pienso mentalmente qué quiero: la forma en la que las características gramaticales de ese verbo entran en los recovecos más escondidos de este corazón latiendo letras.

Y pienso otra vez: quiero mirar hacia arriba y descubrir la sonrisa de esa estrella. Aún estoy a medio camino de conseguir mirarla al desnudar su luz. Estoy a medio camino de sentir su sonrisa mientras la miro.

Pienso en cuántas cosas quiero, pienso en el verbo que utilizo para expresarlo; el deseo le ha cogido la mano al verbo sin darse cuenta: ahora los asocio constantemente. Cualquier cosa que mi corazón desee, el verbo la expresa: escoge una de sus muchas formas, y materializa mi deseo en una palabra.

Me siento orgullosa, hoy, de entenderme; y me siento afortunada de escoger la filología para ayudarme a hacerlo.

Esta Epifanía me ha hecho feliz.

La ilusión se ha convertido en algo difícil de encontrar: una pieza que falta en todos los puzles por inventar.

Yo la tenía: iba y venía con la pieza sujeta. De repente, me vi forzada a abrir mi puño, y la pieza empezó a resbalarse por la palma de mi mano sudorosa. Mis dedos no tuvieron tiempo para reaccionar, no los pude doblar los dedos para impedir que la pieza cayera… Al final, siguió cayendo hasta que la vi desaparecer, lentamente, al tocar el asfalto.

He estado buscándola desde entonces, pero ya han pasado semanas y no puedo encontrarla.

Quizá deba dejar que las palabras la sustituyan: mi puzle parecerá incompleto, pero a veces las palabras pueden rellenar espacios vacíos.

Sí. Dejé que se me cayera al suelo la ilusión: mi idea de un cuadro perfecto, mostrando una vida perfectamente equilibrada y estable… La pieza que faltaba, que completaba la imagen de ese cuadro, no está. Aún así, tengo las palabras. Solo tengo que descubrir aquélla que esté a gusto rellenando mi espacio vacío.

Post scriptum

Quería encontrar una cita literaria que compenetrara de alguna manera con esta pequeña reflexión escrita a mano, sentada en el césped de uno de los recovecos de los Jardines del Buen Retiro, en un cuaderno que llevo siempre en el bolso.

Accidentalmente, y afortunadamente, me topé con este título dentro de la red:

Los espacios vacíos son imprescindibles para todo ejercicio reflexivo

Que tu mayor poder sea poder _______ a diario.