Voz: Rocío G. Soldevila
Aparece como los primeros rayos
de sol, despejada, con valentía:
aparece con fuerza, cada mañana,
ignorando qué pasará.
Aparece con su fe, constante,
y me relata su día
entre miradas sostenidas;
aparece consigo misma,
entusiasmada y viviendo:
lucha, día tras día,
para ver su felicidad, sin miedo.
Ella aparece segura
delante de mí
al comenzar mis mañanas,
aparece para abrazarme
al ver mis horas de vacío;
ella sigue apareciendo,
por mí, por ti, diciendo:
«estoy aquí».
Ella viene a nosotras:
aparece siempre,
sintiendo el arraigo, impactante,
de los vientos repentinos;
ella aparece incluso si duele:
incluso cuando su cuerpo,
rebelde, dice que no puede.
Ella siempre aparece.
Aparece para ti, para mí,
en silencio y a voces
pregonando cuánto quiere amar:
ella, valiente, reza
y abre sus alas
abrazándote con ellas.
Lo siento.
Soy privilegiada.
Ella aparece todos los días:
mis mañanas son calientes
porque ella ahueca sus alas,
en casa;
mis tardes son divertidas
porque ella me contagia,
risueña, su risa;
mis noches son especiales
porque sé que en sus sueños
vuelve a abrazarme,
valiente, con sus alas.
Lo siento, Poesía.
Mi madre me dio la vida:
necesito que ella sepa,
con certeza,
que ella es la esperanza
que permanece;
necesito que ella sepa,
sin dudarlo,
que ella es la luz, cálida,
que siempre aparece.