Voz: Rocío G. Soldevila.
Desde que naciste,
estoy contigo.
Ese cuerpecito diminuto
regalándome la alegría infinita
ha ido cambiando
siguiendo la estela
del paso del tiempo.
Poco a poco,
año tras año,
la infinita alegría
se trasladaba, viva,
de momento a momento;
nuestras miradas cómplices
hacían de esa alegría
nuestro profundo secreto:
tú y yo, mi niña,
somos felices
despertando la alegría
al cruzar nuestras miradas.
Desde que naciste
estoy contigo:
cada paso que das,
cada lágrima que dejas escapar,
cada sonrisa que tus labios dibujan,
cada momento que vives
con la alegría que nos define;
desde que naciste,
estoy aquí.
Soy tu madrina:
esa mano firme que sujetas
al adentrarte en la vida.
Desde que naciste
mi mano, segura, está aquí.
Cuando te caigas,
mi mano te ayudará:
podrás levantarte solita.
Cuando te sientas triste,
cuando sientas que no te entienden,
mi mano estará para acariciarte
y yo, sonriéndote, te escucharé.
Desde que naciste
ha sido así.
Estaré aquí
siempre que tú quieras
que yo esté.
Estaré aquí
aunque creas que sola puedes
y no me necesites.
Estaré aquí.
Hoy, ahora,
escribiéndote,
recitándote,
queriéndote,
estoy aquí.
Siempre,
estoy aquí.