
‘justicia’, ‘prudencia’, ‘sabiduría’.
Respeto y admiración a las mujeres que me rodean:
vosotras me hicisteis creer en mí misma, me disteis seguridad, me dejasteis soñar e intentar mirar más allá.
Encontrarme vacía entre silencios de corchea y baladas de Metallica es un hábito que quiero dejar. Por extraño que parezca, hay personas que, aun estando rodeadas de gente, se sienten solas… y vacías.
Alicia se siente así.
Alicia es el nombre de mi… ¿podría ser mi alma? O… ¿mi conciencia? Esa vocecita que resuena en mi interior y entabla conversaciones conmigo cada segundo del día: Alicia es la precursora de mis pensamientos, el inicio de mis razonamientos… Puedes imaginarte a los cinco muñequitos de colores que nos mostró Walt Disney en Inside Out, o recordar esas voces en off que se escuchan mientras los personajes están pensando o contándonos sus historias, dentro de sus películas. Esa es Alicia: la voz en off que cuenta mi historia y piensa conmigo y, quizá, también, mi alter ego disfrutando del País de las Maravillas. Prácticamente se puede decir que ambas vivimos allí.
¿Por dónde iba…?
Alicia se siente así. Últimamente desaparece a la hora de pensar, se escabulle entre los silencios de corchea y apenas llega a escuchar los primeros acordes de “Nothing else matters”.
Ahora mismo no sé dónde está Alicia. Probablemente se haya escapado al País de las Maravillas y esté empequeñeciendo para pasar por la puerta. No lo sé, me cuesta pensar sin ella, e imaginar es incluso más complicado, porque imagino sin filtros: lo imagino todo, y llega a dolerme tanto la cabeza que acabo derrotada por mis ensoñaciones.
Quizá su desaparición sea una señal de que debo dejar de pensar, de que su ausencia sea, tal vez, una especie de liberación de la obligación implícita de razonar y verlo todo desde la lógica y el sentido común. Quizá se haya ido al País de las Maravillas para decirme sin palabras que debería mirarlo todo desde su aspecto más maravilloso.
Pensaré en ello.
Ah, no. Espera. La cosa está en no pensar, sino en dejarse llevar por el mundo de lo maravilloso: ese mundo ya está aquí, escondido, y a la vez totalmente visible para aquellos que aprecian un segundo antes que una hora, un instante antes que un gran momento, un poema de un par de versos antes que una novela histórica entera. El mundo de lo maravilloso está aquí, ante mis ojos: si no lo veo es porque no quiero o no estoy lista para abandonar del todo la cordura ilustrada… pero, ¿sabes qué? Lo veo. Me lo estás enseñando.
Estoy lista. Eso es lo que me dice Alicia: estoy lista para ser solo Rocío, solo yo.
Sí. Soy Rocío. Alicia no está, pero estoy yo: no me da miedo mi desnudez, no me da miedo mostrar quién soy. Soy feliz siendo quien soy y no cambiaría nada, aunque las escenas shakespeareanas me quieran decir lo contrario en mi cabeza… mi corazón es el que escribe el guion.
¿Qué es lo siguiente? Disfrutar de lo feliz que soy siendo Rocío.