Gracias a personas maravillosas pude tener la oportunidad de pararme delante de un micrófono, en un escenario, y recitar mis versos. En cada uno de esos momentos, miles de mariposas revoloteaban en la boca de mi estómago y me recordaban que algo estaba pasando: mi tímida voz proyectaba palabras y éstas llegaban hasta los oídos de quienes querían escucharlas.
Reencontrándome en Aleatorio Bar (C/ de Ruiz, 7 – Madrid).